La Ruta de la vida

Un día como otros, miraba por la ventana del microbús; como caminaba la gente Ida, y sin estar presente. Miraba como mucha gente que ya supera la mayoría de edad, pareciera estar sin vida, sin ánimos; esperando que quizás un milagro llegue a sus vidas y los saque de la miseria donde se encuentra. Mientras que los niños y los jóvenes tienen otro semblante, se les ve llenos de vida, de alegría,  estar junto a ellos es como si una energía muy dulce y agradable llegaría a nuestras vidas. Cuando hablas con esas personas que dejaron de ser jóvenes, sientes que quieren apabullarte con sus recuerdos, te hablan en un tono muy serio, te apabullan con sus títulos, incluso tratan de aconsejarte, como se debe actuar en la vida, para ser tan infelices como ellos.

Los niños no fingen, si les parece agradable o desagradable; te lo dicen en tu cara, si tienen hambre no saben de protocolos, simplemente te lo dicen. Lo mismo pasa con los jóvenes, en su mirada hay una luz que irradia su rostro, no es el rostro apagado de los adultos; tú los miras y te encandilas con ellos; tienen una alegría interior, están deseosos de vivir, conocer y amar a todos (Claro está, los que no están presos en la cárcel de sus mentes).

Después de estar sentado en el microbús, me di cuenta como subían y bajaban personas; algunas me parecían agradables y otras no tanto, unas se sentaban a mi lado, pero después de un tiempo bajaban en su paradero. El micro me parecía como la vida, hay gente que se te acerca por un tiempo y otras que van contigo hasta el paradero, donde todos siempre tienen que bajan al final. Todos vamos por un camino, pero aunque se junten nuestras vidas, todos tienen diferentes destinos.

Muchas personas me dicen; es fácil ser feliz cuando se tiene todo, cuando no tienes que mendigar, cuando tienes un trabajo o cuando puedes pagar tus deudas.

Creo que hay personas que aunque tengan mucho dinero siempre serán infelices, hay personas que viven 20 personas en un cuarto, totalmente abarrotados, se acomodan muy bien en el espacio pequeño que les toca vivir y dan gracia a Dios, por tener ese pequeño espacio. No hay nada más agradable que cuando tomas un vaso de agua, estando sediento, y la comida más horrible se convierte en una delicia cuando tienes verdadera hambre.

La mente siempre nos pone trampas; pero depende de ti; para descubrir lo bello de la vida. Para descubrir que solo una mirada basta para dar amor, que solo una caricia para encender un corazón. Y solo una acción de amor para cambiar el mundo.

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