HISTORIA DE UN PERRO

Un cierto día, caminando por las calles, del distrito de la Victoria, iba una perra que habían abandonado por estar preñada, se acomoda en un rincón de la calle y comienza a parir, uno, dos, tres, …. y siete cachorritos, que poco a poco alcanzaban a levantar su cabeza, tratando de adaptarse al nuevo mundo. Alegrándose de poder sentir a su madre, que gozosamente los amamantaba.

Fueron pasando los días, mientras iban y venían por las desquebrajadas calles buscando comida. Los cachorros jugaban con unos cartones mientras la mamá perra buscaba algo que comer, en medio de un basural, donde habían botellas y al costado de dos enormes barriles, habían  restos de comida, que devoró velozmente aunque tenía un olor raro. Después de un rato comenzó a sentirse mal, fue caminando lentamente hasta donde jugaban sus hijos y se desplomó en el frio pavimento, mientras le salía espuma por la boca.

Los cachorros se miraban sin saber que hacer, trataban de reanimarla con sus lamidos, pero poco a poco les venció el cansancio y se quedaron dormidos.

La gente miraba a los cachorros, pero nadie hacia nada, sólo se limitaban a compadecerse de ellos.

Por la tarde unos niños que jugaban por el lugar, los vieron y se encariñaron con ellos; como eran 3 niños, cada uno se llevo 2 cachorros a su casa; sólo un cachorrito se quedo, y es que estaba tapado con unos papeles, detrás de su madre, que prácticamente lo cubría con su cuerpo.

El perrito que había quedado no se percataba de nada y dormía profundamente, hasta que sintió que las tripas le sonaban y salió a ver que encontraba. Ya no se hallaban sus hermanos con quienes jugaba, tampoco estaba su mamá, y se sintió sólo, tuvo miedo y comenzó a gemir, pero nadie había allí que lo pudiera escuchar. De pronto escuchó unos pasos parsimoniosos, pesados; divisando a lo lejos una silueta un tanto regordeta.

El perrito al verlo le movió la cola y fue a su encuentro, el anciano al verlo trato de ahuyentarlo, pero el perrito lejos de irse, siguió jugando con el anciano y comenzó a morderle el pantalón; el anciano lo miro bien y le inspiro ternura, levanto al perro en brazos diciendole: tú te llamarás Duffy.

Duffy era un perrito blanco, con una mancha negra a lo largo de la cabeza y tenia tanto pelo que parecía de peluche. El anciano por su parte vivía solo, en un pequeño cuarto alquilado, dentro de una quinta, al entrar se puso a buscar algunas cosas que ya no le servían, para poder hacer una cama para su perro. Puso  un cartón en el suelo,  una camisa vieja que había encontrado y el perrito  al ver esto, se puso a jugar con su nueva cama, poco después el perro comenzó a llorar porque tenia hambre. El anciano se dio cuenta y en una taza puso unas cuantas migas de pan, y encima le agregó un poco de avena que le había sobrado. El perrito ya quería comérselo todo, pero la enorme figura del anciano le obstaculizaba el camino  a su banquete; poco después el anciano se  paro y se fue a leer un periódico y al fin Duffy pudo lanzarse sobre la comida y saciar su apetito, para posteriormente volver a jugar con su cama y  quedarse dormido.

Al día siguiente, el anciano llamado Benjamín, se levanto temprano, saco a Duffy  a dar una vuelta y después lo regreso a su habitación. Es así como ésta se fue convirtiendo en una rutina, y el perro pasaba la mayor parte del día en la habitación.

Una noche el anciano se veía algo más agitado que de costumbre, se le veía muy agotado, solo atino a acariciarlo y sintió un fuerte dolor en el pecho que lo obligó a acostarse. Duffy le ladraba para que despertara pero todo era en vano. Benjamín no despertaba, el perro parecía adivinar lo que había sucedido, Benjamín estaba muriendo y él no podía ayudarlo, solo atinaba a lanzar alaridos a la espera de que alguien viniera a socorrer a su amo. Hizo tanta bulla, que los vecinos fueron a ver que pasaba pero nadie había que les abriera la puerta, es por eso que decidieron llamar a la Policía para que se hicieran cargo del asunto.

Al poco tiempo llego la Policía, tocaron la puerta, pero nadie había para abrirles, se comunicaron con sus superiores mediante la radio de la patrulla, para que le autorizaran romper la puerta de la habitación, ante un posible peligro. Una vez dada la orden se dirigieron de nuevo al lugar y derribaron la puerta, al entrar encontraron el cadáver del anciano que estaba tendido en la cama. Posteriormente los médicos diagnosticaron que Benjamín había muerto de un paro cardiaco.

El perro no sabía que hacer al ver tanta gente extraña en la habitación, e hizo lo que en ese momento le pareció buena idea, salir corriendo. Corrió y corrió sin rumbo conocido y de pronto estaba en un lugar que no había visto, paró a descansar un momento; pero sintió que otro perro le gruñía,  le ladraba e incluso intentó morderlo; cosa que alarmó a Duffy, que volvió a emprender la carrera dejando atrás ese inhóspito lugar.

Cansado de tanto correr, logró ubicar un lugar donde pasar la noche. A la mañana siguiente, se puso a buscar comida y se metió a un lugar, donde encontró otros animales en las mismas condiciones que él. Incluso habían niños jugando y un hombre muy sucio y casi sin pelos, lo llamaba con una sabrosa galleta en la mano. El perrito no sabia que hacer, pero tenia hambre, así que se fue acercando muy lentamente con el rabo entre las patas, poco a poco fue comiendo la galleta, y no se dio cuenta que el hombre tenia una soga en la otra mano que rápidamente le puso al cuello y utilizó para llevarlo con él.

El cachorro recordó a su otro dueño, y creyó que esta persona era igual, pero no era así. Este tipo estaba loco, y comenzó a llamar al cachorro Miguel y comenzó a hablar con él, de una serie de cosas que no entendía, le contaba secretos y le discutía como si pudiera hablar.

Un día el loco hablaba y hablaba y le dijo a Miguel que se callara, que no le llevara la contraria; se paro, saco un palo de escoba e intento golpearlo. Miguel trataba de esquivar los golpes, pero no podía escapar porque estaba atado, el loco persistía en pegarle y logró darle en una pata. Pasado este gran susto Miguel, el loco lo saco a pasear, como si no hubiera ocurrido nada. El perro estaba herido y caminaba con dificultad, esto enfureció nuevamente al loco, que lo jalaba de la soga y le gritaba que se apurara.

Un hombre que pasaba por allí en un auto, se da cuenta de lo sucedido, y le comienza a recriminar al loco su conducta. El loco le dice al sujeto que su perro Miguel, no quería obedecerlo, y le había dicho que  estaba loco. El sujeto del auto se da cuenta que este era un demente, se quedo pensativo un instante y le dijo: el que llevas jalando no es un perro, es mi hermano menor, así que me lo voy a llevar, y si no quieres; te llevo a ti al manicomio. Palabras que hicieron huir al loco. Se acercó al perro herido lo cargo y lo llevo a su auto, rumbo a su casa, la cual estaba muy bien arreglada, con unos niños hermosos que jugaban y gritaban alrededor del jardín. Una señora muy elegante se acercó a recibirlo; al ver al perro se conmovió y lo aceptó en su casa.

Posteriormente lo llevaron al veterinario para que curaran sus heridas y lo vacunaran. Después lo llevaron de nuevo a la casa, y la señora le puso por nombre Duque, le dio de comer y le enseñó el lugar donde tenia que estar; y donde hacer sus necesidades. Los niños eran inquietos y muy mimados por sus padres, no había cosa que pidieran que sus padres no los complacieran, lo que hacían que fueran un tanto prepotentes. Al ver a Duque inmediatamente quisieron jugar con él. Cosa que se hizo cada vez más común; e inventaban juegos, donde siempre la víctima era Duque. En cierta ocasión, lo metieron a un saco y lo colgaron de un árbol. Esto asustaba mucho a Duque que comenzaba a ladrar.

Siempre de alguna manera trataban de molestar a Duque, se le colgaban, lo apretujaban, pero una vez, uno de ellos le piso la cola y Duque por instinto atino a morderlo; cosa que vio la madre de los niños que inmediatamente ordenó que lo dejaran donde lo habían encontrado.

Duque otra vez se quedo sin hogar, y solo le quedaba más que caminar y caminar, cuando se dio cuenta que otro perro también caminaba a su lado y lo estaba olfateando. Ambos perros comenzaron a mover la cola y a olfatearse al tiempo que  jugaban, olvidándose por completo  la situación en que se encontraban.

Fue pasando el tiempo y conoció nuevos lugares, nuevos amigos y enemigos, ya en el barrio le habían puesto de nombre Mancha y a su amigo le llamaban Black. Iba con su amigo a varios lugares, se olvidó del temor que le tenía a la gente. Paseaban por lugares muy concurridos de personas, como la Av. Gamarra, que siempre estaba bien concurrida,  donde no faltaba alguno que se le cayera un pan o un helado, lo cual ellos aprovechaban. También les encantaba las canchas de fútbol, sobre todo cuando había el clásico mundialito de la Victoria, porque las gentes eran amables con ellos, en especial una señora que vendía por esos lugares comida al paso, y lo que sobraba les daba para que comieran.

En cierta ocasión iban caminando por la vereda; Mancha y Black, cuando de pronto aparecen dos motociclistas, que los comienzan a perseguir, por la Av. Parinacochas. Ellos no entendían porque tenían que ser así los humanos, si ellos no le hacían mal a nadie.

Black asustado trata de cruzar la avenida, pero un auto lo atropella. Al ver esta situación los dos motociclistas huyen.

Mancha  vio que su amigo yacía inmóvil en el piso, por lo que corre a su lado, proponiéndose protegerlo de los otros autos que pasaban por allí, pidiendo con sus ladridos, un poco de compasión para su amigo. De pronto uno de los conductores captando el mensaje, baja del auto y se lleva a Black para curarlo.

Después de esto, Mancha solo atina a caminar y caminar,  y aparece al lado de su amiga que le daba comida y que cariñosamente lo llamaba Otelo. Se sentó a mirarla sin pedirle nada muy tristemente como si quisiera decirle algo.

Al terminar sus labores la señora procedió a retirarse y a recoger sus cosas. Otelo, la seguía con la mirada. La señora le decía vete ya a tu casa, pero Otelo solo atinaba a seguirla y fue en ese instante que la señora, se compadeció del perro y decide llevarlo a su casa, no tenia mucho dinero pero no era pobre, porque en su casa reinaba el amor y eso es lo que posteriormente encontró Otelo.

Tiempo después comenzó a cambiar la Victoria, inclusive se refaccionaron los parques, así también comenzó a cambiar la vida de Otelo, quien encontró una perrita del vecindario donde tuvo 5 cachorritos, y como cada cachorrito era una parte de él, decidió ponerles los nombres que siempre había escuchado y le habían significado una enseñanza a lo largo de su vida. De esta manera paso a llamarlos Duffy, Miguel, Duque, Mancha, y Otelo Jr.


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10 comentarios en “HISTORIA DE UN PERRO

  1. Muy interesante el mismo cuento y el mensaje de fondo que se quiere comunicar. Está amenamente escrito, con un lenguaje tierno y sencillo. Lo que le hace un cuento universalmente comunicable.
    Felicitaciones amigo Ysai.
    Fidel

  2. gloria de ramirez dijo:

    Hermoso cuento y maravillosa moraleja, ojalá y a todos nos llegar tan profundamente que sirva para cambiar muchas de nuestras maneras de ver la vida. Gracias Ysaid, me encantan tambien tus poemas lo que muestra una sensibilidad enorme dentro de ti, pero has logrado que ha todos nos llegue hasta lo más profundo.

  3. Mireya dijo:

    Gracias por el cuento, y es verdad el amor que brindan las mascotas no se puede comparar, son fieles hasta la muerte y desgraciadamente eso no puede uno esperar del ser humano ya que muchos somon muy egoistas y dificilmente dan amor sincero

    • dcluz7 dijo:

      Gracias a ti, por expresar tu sentir. Debo agregar además que debemos aprender a ser más conscientes de nuestros actos, de esa manera no lastimaremos, incluso a quienes amamos.

  4. Maria del Carmen dijo:

    Ysai, llegás al corazón y los traspasás!. Para mí, que nunca tuve un perro de raza, sino que cada uno que tuve fué encontrado en la calle, es fácil imaginar los ojitos tristes y desorientados del perrito de tu cuento. Lamentablemente no pude traerme a todos los que he ido encontrando, porque después de las vacaciones la gente deja sus mascotas abandonadas, q pasan de ser “el chiche” de sus hijos a la intemperie total. Es el humano que procede como “animal” y el perro perdona, y si volviera a verlo algún día, le movería la cola. ¿querés mejor demostración de amor?

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