EL ZAMBITO

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En el año 1900 nació un niño llamado Giordano Bruno Carreño Blas, en la ciudad de Laredo- Trujillo, de condición muy humilde, pero de grandes aptitudes artísticas. Entre sus amigos del barrio, se encontraba Víctor Raúl Haya de la Torre, y según cuentan en más de una ocasión, la madre de Víctor lo invitaba a Almorzar.

Giordano tenía 4 hermanos, 3 por parte de padre y madre (Zoila, Alcides, Pablo) y uno por parte de madre llamado Moisés, en aquel entonces Moisés era el engreído de la casa y su padre quería que se interesara por la música, por ello le contrató un profesor particular. Pero Giordano amaba la música desde niño, y cada vez que había una clase de guitarra, se escondía tras las cortinas y se ponía a escuchar las indicaciones que le daba el profesor a su hermano Moisés. Al poco tiempo Giordano aprendió a tocar guitarra más rápido que su hermano, aunque no alcanzaba a leer la partitura, podía reproducir cualquier música que escuchaba. De otra parte su hermano Alcides, también aprendió a tocar guitarra y poco tiempo después se fueron a la capital, a probar una nueva alternativa para sus vidas, y por azares del destino su hermano Moisés murió.

Estando en la capital los tres hermanos encontraron trabajo como ayudantes de albañil, y de esa forma podían sustentar sus gastos, tanto Pablo, Alcides y Giordano, caminaban siempre juntos, y de tanto llamarlo Zambo, ven para acá, Zambo ayúdame con esto, se quedó con el apelativo de Zambito. Como era costumbre de  la época, andaban de parranda en parranda, sobre todo porque tanto Alcides, como Giordano tocaban guitarra, incluso en las mismas Obras donde trabajaban surgieron las primeras jaranas, sazonadas del compas de las guitarras de los hermanos, a Pablo le gustaba la carpintería, y siguió perfeccionándose y los otros dos hermanos, lo que les gustaba es la música.

Fue así que Alcides y Giordano, se presentaron a una radio, para trabajar de guitarristas, donde fueron aceptados, para poco después pasar a Radio Nacional. Donde podían apreciar sus enormes habilidades y poco tiempo después  a Giordano, le salió un contrato para una gira por chile.

La habilidad de Giordano no tenia limites, en chile conoció muchas personas, que después de las funciones que daba lo invitaban a sus mesas, para brindar con ellos, y a menudo le decían “estoy vivo o estoy muerto”, frase de aquel entonces que quería decir que si estaba vivo, podía seguir tomando mas vino, y si estaba muerto ya no lo podía hacer.

Giordano nunca aprendió a tocar por música, pero tenía un oído extraordinario, le preguntaban, sabes el himno de chile, y si no lo sabían, le ponían el disco y a poco tiempo, la misma melodía lo sacaba en la guitarra. De esta forma adapto a la guitarra, piezas de música clásica, baladas, boleros, rancheras, tangos, etc. Todos los que lo conocieron, siempre me decían que mi abuelo era un virtuoso, y no había melodía que no pudiera reproducir en su guitarra.

Quizás mi abuelo en estos días hubiera sido toda una estrella de la música, pero tanto brindar y brindar, con sus supuestos amigos, se encaminó por el lado de la perdición. Ya no cumplía con los contratos por dedicarse a tomar, así que tuvo que regresarse a Lima, y como seguía con esa misma tendencia, poco a poco ya nadie quería contratarlo, así que regreso a la albañilería, para ganarse el sustento, como tenía el carácter jovial, y lo conocían, le perdonaban ciertos excesos y ciertos incumplimientos.

Conoció una mujer, con la que tuvo dos hijos, llamados Juan y Zoila, pero por su vida bohemia, tuvo varios amores, y un tanto de hijos, y la vida desordenada que llevaba lo llevo a descuidar a su esposa y a sus hijos, y cuando Zoila tenía 2 años, su madre fallece, y como en las obras que trabajaba lo llevaba a diferentes lugares, no podía llevárselos con él. Así que los dejo al cuidado de su suegra, mientras él se iba a trabajar y otras veces a tomar.

Poco a poco paso el tiempo, cuando estaba sano era una excelente persona, pero cuando tomaba cambiaba, no le importaba nada. Cierta vez Víctor Raúl Haya de la Torre, pasaba por una calle, cuando vio a un mendigo tirado en el piso, al mirarlo bien se dio cuenta que era su amigo de la infancia, cosa que lo mortifico y le recrimino, preguntándole ¿Esto qué significa?, estos son los frejoles, le respondió mi abuelo, y levantando la cabeza vio la cara de Víctor Raúl, que le extendía la mano para levantarlo. Discúlpame hermano le dijo, Víctor Raúl lo llevo a su casa lo baño lo alimento, pero le aconsejo que ya no tomara mas, pero mi abuelo no podía evitarlo, ese vicio lo estaba matando poco a poco. Hasta que un día cruzando la calle, un conductor de un automóvil le grita “Sal borracho de mi camino”, a lo que mi abuelo contesto. “Haber sácame si puedes” y el chofer embistió sobre él. El choque le causo varias contusiones, varios meses en el hospital y una pierna fracturada.

El incidente fue visto por todos y detuvieron el vehículo y lo obligaron a pagar todos los gastos de la clínica, donde lo llevaron. Después de un tiempo en el Hospital, mi abuelo estaba ya aburrido y sentía la necesidad de tomar, todavía no sanaba su pierna, pero en realidad la herida del alma es la que siempre tuvo abierta, así que decidió escaparse del hospital, con la pierna todavía en mal estado, a partir de ese día paso a ser cuando estaba sobrio un ángel y cuando se emborrachaba un demonio, vociferaba, dormía en las calles.

Cuando estaba sano, todo aquel que lo veía, no podía dejar de sentir por él una enorme simpatía, su carácter era amable sumiso, colaborador, siempre con una enorme sonrisa, pero un día, le dijo a mi madre, “Hija un día me iré lejos, para no molestarlos y no darles más trabajo”. Y fue exactamente un día de carnavales que ví que llego a mi casa, no sé que le dijeron, y se marcho, yo lo veía desde la azotea desde la casa donde vivía, le grite y me despedí de él, no sé si me habría escuchado. Lo vi alejándose lentamente con su figura regordeta, siempre cojeando de una pierna. Algo en mi quería abrazarlo y decirle que no se vaya, pero no tuve opción y solo atine a observar como su figura de desdibujaba con la lejanía, y nunca más apareció, nadie lo encontró, lo buscaron por todas partes, por mar, cielo y tierra, pero al menos su última palabra si pudo cumplir, no tuvieron que gastar un céntimo por su entierro.

Siempre lo recordare con cariño, porque pese a todo el era quien siempre estaba conmigo, me enseñó que el piso no es tan duro cuando se tiene un amor como lo tenía conmigo,  me enseñó que pese que caminaba como un pordiosero, todos lo respetaban y querían, me enseñó que lo verdaderamente valioso, era el cariño que brindabas a los demás, quizás tuvo miles de equivocaciones, y algunos todavía siguen heridos por su conducta, pero conmigo fue el mejor y el único abuelo que tuve, me trataba con cariño, me aconsejaba de la gente, y pese a que tenía cinco o seis años, yo descubría el mundo a través de sus ojos. Nunca olvidaré su mirada tierna y su sonrisa de ángel, así como el último día de su adiós inesperado.

Gracias abuelo donde quieras que estés.

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