EL NIÑO QUE QUERIA VOLAR


 

En muchas ocasiones el mundo nos absorbe de tal manera, que no prestamos atención a circunstancias o hechos que están latentes en nuestras vidas. Miramos pero no vemos, oímos pero no escuchamos y sin querer podemos dañar a la persona que más queremos….

 

Era un día soleado y Gabriel, jugaba por toda la casa, saltando de un lugar a otro, haciendo volar sus juguetes por todas partes, cuando de pronto se quedo quieto, inmerso en sus pensamientos y le  pregunto a su Mamá:

¿Por qué no puedo volar?

Bueno hijo, -le dijo la Mamá- porque nosotros no somos aves y además no tenemos alas.

Pero yo quiero volar. -insistió Gabriel-.

Ya te he dicho que los hombres no vuelan, -recrimino la madre-.

O te refieres a que  quieres viajar en avión, o en algún otro artefacto,  por que esa es la única manera que nosotros nos elevemos del suelo.

Gabriel miró a su madre y le dijo: mira Mamá por la ventana; ¡yo quiero volar como esas palomas!.

La madre que ya se le hacia tarde, prefirió no seguir con el tema, y comenzó a alistarlo para el colegio.

Llegada la noche, la Mamá todavía recordaba las palabras de su hijo,  las cuales tuvo que dejar de lado por la prisa del momento;  llegaban a su mente como algo inconcluso de  lo cual debía reflexionar, quizás  con la ayuda de su esposo podrían descifrar el porque de esa pregunta. Pero su esposo estaba muy cansado y solo atino decir; que seguramente, había visto mucha televisión y se le había quedado grabado algún dibujo animado.

Agregando :

Estas cosas suelen suceder, los niños son muy preguntones y al día siguiente ya no se acuerdan de nada; así que hay que dormir porque el día de mañana será un día muy atareado como siempre.

Al día siguiente , Gabriel se sentó junto a la ventana y de lejos divisaba como las palomas revoloteaban y jugaban entre si, su mamá al verlo, sintió nostalgia; porque una madre, parece adivinar en el aire cuando algo no esta bien, algo en el corazón la agita y entra a tallar la sabiduría del amor. Por un momento dejo sus deberes y le pregunto a su hijo en que pensaba.

Gabriel repregunto sin mirarla a los ojos, como si estuviera perdido en el vuelo de las aves:

¿Por qué las palomas vuelan y yo no?

Ya te he dicho porque. A ver dime ¿Para que quieres volar?

Porque si pudiera volar, volaría muy alto y así llegaría a Dios y le preguntaría:

¿Por qué los hombres no son como las aves, que nunca se separan de sus familias y con sus vuelos parecieran jugar en el aire, con sus hijos?

Quisiera saber porque cuando los hombres crecen ya no quieren jugar y solo viven pensando en sus cosas. Uno les habla y es como si no estuvieran, ni siquiera nos miran. Nos paran regañando de todo y siempre nos hablan que debemos pensar en el futuro.

Pero si yo no soy feliz en este momento, porque debería serlo en el futuro.

¿Mamá, las palomas piensan en el futuro?

La madre no pudo contestar, y de uno de sus ojos, broto una lágrima que había logrado escurrirse por su mejilla, al instante que abrazó fuertemente a su hijo. Olvidándose de los deberes y obligaciones que tenia y solo recordando la función elemental de todo ser, que es la de dar y recibir amor y así transformar un día rutinario, en un día de dicha.

 

 

 

Fragmento del libro inédito “El hombre que meditaba” de Ysai Quiroz C.

 

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