El encuentro con Marcahuasi

Era la hora de ir a Marcahuasi, salimos velozmente y de pronto llegamos a San Pedro de Casta, comencé a sentir un montón de sensaciones raras pero con un par de respiraciones todo se normalizó, poco tiempo después subimos con un grupo de amigos a Marcahuasi, una parte en micro y otra caminando.

A penas sentí el suelo de Marcahuasi, todo se nublo en mi mente, y veía mucha gente que subía junto conmigo, primero éramos 8, después, 16, ya parecía una procesión y las ropas que llevaban eran de diferentes épocas. Por momento sentía que el tiempo se detenía y otras que pasaba muy rápido. Era como cuando manipulas una película, por momentos la adelantas y otras la retrocedes.

Seguimos caminando y por fin llegamos al lugar donde íbamos a acampar. Al momento de hacer las carpas, sentí como el tiempo se desvanecía, mis compañeros me hablaban, los miraba pero solo escuchaba como sus voces se iban perdiendo con el viento, después nos fuimos a ver el más hermoso atardecer y sentí como la energía del sol me abrazaba antes de irse a dormir.

Ya al anochecer, en la carpa sentía que me sofocaba, que me faltaba el aire; así que decidí recostarme un rato debajo de un cerro, cerré mis ojos y la voz lejana del viento comenzó a susurrar en mis oídos, “hoy vas a aprender cosas nuevas, si duermes conmigo” me decía aquella voz. Así que le hice caso y me quede, a dormir junto al cerro. Previamente saque mi bolsa de dormir y mi mochila de la carpa.

Posteriormente salieron muchas sombras de la tierra; que parecían mirar con asombro a las personas y después de mirarlas les tiraban tierra, y la voz nuevamente me hablo y me dijo aquí venimos a curarlos, sin que ellos se den cuenta, le hablamos al corazón, y le damos armas para que anulen sus máscara. Muchos gastan sus energías porque no quieren deshacerse de sus máscaras. Después de ese momento todo se normalizo y se apagó también el ruido de la tierra y de los hombres y el frío comenzó a congelarme, era un frío intenso, así que recordé que tenía un poco de hoja de coca, saque un puñado, la tire al suelo, y le dije al cerro, por favor madre tierra abrígame. Después de un momento desaparecieron las hojas de coca y sentí como si unos brazos me rodearan y me calmaron el frio, allí estuve hasta las dos de la mañana, cuando desperté, todas las cosas que tenía; mi casaca, mi mochila y mi bolsa de dormir estaban mojados como si me hubiesen echado agua, solo quedaban rastros de una fogata, que se rehusaba a morir. Comencé a hacer ejercicio, pero nada parecía calmar el frío, saltaba, trotaba, y todo era en vano; el frío no se iba al contrario aumentaba. Hasta que sentí nuevamente una voz que me decía, ya no luches, se uno con el frío. Mi corazón sintió una alegría y así lo hice, comencé a hacer Chi Kun muy suave y lento y poco a poco sentí como el calor iba subiendo y saliendo de mí, hasta la ropa que estaba mojada, se secó.

Al día siguiente desperté el micro, no sé qué había sucedido, porque todavía no llegaba a Marcahuasi, y la euforia de llegar, me había hecho soñar todas esas cosas.

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